Libro de brujas de Fernando Butazzoni

Título: Libro de brujas
Autor: Fernando Butazzoni
País: Uruguay
Fecha de publicación: 2001

Y así, hecha de luz como de sombra, caminando sobre el agua y a la vez hundida en los abismos, joven y bella pero también ya decrépita, horrorosa mueca de lo que en otro tiempo fui, así he venido a auxiliarte nada más que con esta presunta llegada entre humaredas grises y plateados relámpagos. [...]
No hay virtudes en los hombres que nosotras podamos torcer, ni hay tampoco maldades que nazcan a expensas de nuestro oscuro conocimiento. Apenas si cultivamos huertas ya sembradas. Nunca lo olvides.
La vida es una llama. Y se consume pronto.


«“El libro es un artilugio extraño, pues en ocasiones guarda la apariencia de un pesado volumen y a veces, por el contrario, no es sino un simple cuaderno de notario. Allí hay de todo y a la vez no hay nada, y sus páginas pueden ser leídas como un conjunto de bromas macabras o, acaso, como la única guía del oscuro mundo de las profundidades.”
Libro de brujas nos instala de golpe en un reino de desmesura y ambigüedad, donde todo es posible y nada es lo que parece. Novela de aventuras y enciclopedia de las ciencias malditas, es un enloquecido relato del tercer milenio y una reflexión sobre los rincones más sombríos del alma.
Aquí se cuenta la historia de Azucena Camargo, mujer convertida en bruja para adueñarse de un libro mágico que se escribe a sí mismo a través de los tiempos. En esas páginas el mundo ha dejado de girar y ocurren cosas extraordinarias. Desde una profunda conciencia religiosa, la novela explora los límites de la razón. Es una metáfora de lo invisible reflejado en el espejo de la vida cotidiana: gigantesca broma sobre nosotros mismos, peregrinos recién llegados a los desconciertos del nuevo siglo.»

En este mes dedicado a las brujas no quería dejar pasar la ocasión de reseñar esta novela, que leí hace unos años y que tanto me gusto. Y además de que es de un autor uruguayo, lo cual en su momento me sorprendió, ya que me pareció inusual que alguien de aquí escribiera sobre brujas, brujería y demás. Así que la conseguí (con cierta dificultad), la leí y aquí está la reseña.

Lo primero que tengo que decir, es que es una novela muy extraña en cuestiones de tiempo y espacio. No queda claro dónde y cuándo suceden los hecho que se narran, el tiempo y lugar presente son difusos. Por ejemplo, se cuentan muchas historias del pasado, de los antiguos dueños del libro, en la Edad Media europea, y de las peripecias de cómo dicho libro logra llegar a América. Pero en el presente, la narración de la vida de Azucena, el tiempo es más enigmático y líquido.


Después de convertirse en bruja, Azucena abre una especie de consultorio en su apartamento en donde se dedica a recibir personas, de lo más variopinta, que requieren de sus servicios como bruja. Pero cuando Azucena recuerda una sesión pasada o estar por tener una, siempre se remarca que fue hace cinco minutos, o dos semanas, o hace un año, no importa. El tiempo no es nada asiduo, y la novela es toda así, pero eso no quita que tenga una linealidad o que le falte unidad. Solo que el tiempo carece de importancia (o por lo menos de la importancia que uno le da, la longitud de tiempo) es líquido y ambiguo. Pero el espacio también es ambiguo. En ningún momento se explicita el lugar en donde se desarrolla la historia, solo que es en algún lugar de América del Sur. Yo supongo que se desarrolla en Montevideo, por las varias menciones que se hacen de “cruzar el río” o “la otra orilla”.

La novela se divide en tres partes: la primera, “Fuegos”, es la época de aprendizaje como bruja de Azucena; la segunda, “Páginas de ceniza”, la más corta, son eso mismo, cenizas y fragmentos que unen la primera y tercera parte, y si bien son retazos que comienzan y terminan al azar, son extrañamente concretos; la última parte, “Otros fuegos”, es el clímax de la historia. Azucena ya es una bruja consumada y luego del final de la primera parte, tiene que enfrentar un máximo desafío que pone en juego su existencia: seguir siendo la dueña del Libro de los secretos.

Algo que me resulto muy interesante es como se insertan las brujas en la modernidad. Por ejemplo, en una parte se explica que la noche antes era su elemento, el lugar propicio para los miedos y las transacciones oscuras. Ahora la noche está poblada de luces, ruidos, sirenas de ambulancias, estridencias de las discotecas. En la noche hay vida y movimiento, y es cada vez más un sitio inseguro para ellas.

Tengo que destacar que es un libro muy bien escrito (la prosa es muy cuidada y tiene una sustancia poética muy presente) y que la aproximación al tema de las brujas es muy apropiada. No me parece una apropiación de la voz de las brujas (o de las mujeres), sino que es un acercamiento más “objetivo”, distanciado, que se nutre de toda una tradición y escritos sobre brujas, y cuyo resultado es una novela bellamente tejida y que muestra el fascinante mundo de las brujas, su sensibilidad y su forma de ver el mundo a través de la palabra.

Ahora, las palabras tienen vida propia. El Libro de los secretos se escribe a sí mismo. Y las palabras no solo nombran cosas, sino que son cosas. En realidad, el mundo de las brujas es un mundo hecho de palabras. Es un mundo asimétrico, torcido. Impar. Su única belleza quizás consista en la materia que lo hace: las palabras. (128)

Un elemento que sobrevuela toda la novela, y que se menciona repetidas veces, es que en el mundo no hay lugar para la piedad. Y esto se perfila en las consultas que tiene Azucena y en la misma historia de las brujas.

— ¿Las brujas tiene patria? ¿Y memoria? ¿Tienen memoria las brujas? ¿Y rencor? ¿Quieren venganza? ¿Tienen sed de venganza? ¿Hambre de venganza?
[…]
— La patria de las brujas es la noche — tercia Guillermina, aunque sin mucho entusiasmo.
— Y el recuerdo de tantos sufrimientos, el dolor por los tormentos.
— Nuestra patria es una sombra.
[…]
— Hablábamos de dolor — dice Guillermina, resoplando en un esfuerzo de contener su enojo —. Montañas de dolor, mares de llanto, de huesos rotos, de cuerpos abrasados por las fogatas. (190–192).

Pero más allá de la historia de Azucena la novela en sí en la historia del libro que ella hereda, el Libro de los secretos, el Libro de las brujas. Es un libro que cuenta historias sin tiempo, que lo tiene todo y a la vez, en toda su vastedad nada es relevante o trascendente. “El Libro de los secretos se escribe a sí mismo de forma continua, infatigable y caprichosa, como si una mano maestra enseñara, a través de esos caprichos, la levedad de todo lo existente mediante el simple recurso de su fugacidad.”(386).

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